jueves, julio 26, 2007

Un grande Bob... _\!/_


Cuando uno pone reggae en un equipo de sonido el ambiente se llena de calor y de palmeras, aunque estemos en invierno y en Buenos Aires. Al rato, cuando el efecto se hace más intenso, estamos hipnotizados, vivimos en un vaivén rítmico como si fuéramos trencitos del señor. La música de lugares que desconocemos tiene el efecto de hacernos sentir en una película. En el caso del Reggae la película transcurre en una isla ondulante y de tiempo elástico.

El protagonista fundamental de tal alquimia es el chico con cara trágica, con aire sufrido, Bob, que no parece en lo más mínimo el marihuanero constante que era sino más bien el santo protagonista de una cantata de Bach. Y es lo que nos hace imaginar que en Jamaica el drama se vive con felicidad, lo que debe ser falso. Bob Marley fue como Caetano, figura angular de una música capaz de hechizarnos, pero con menos protagonismo narcisista, más perdido en la propia gigantesca maraña musical que engendró. Se hizo ciudadano del planeta, fecundó la música del mundo y después se murió. Su música actuó sobre nosotros como si el efecto hipnótico de sus enormes cigarrillos de marihuana lograra emanar por los parlantes. Es la prueba de que el arte es materia cargada de intensidad. Más de un argentino que no ha probado jamás ninguna droga se mambea con esta música como si fuera un alucinógeno. Ese es un logro vital, artístico, hermoso logro humano. Y saludable, además.



snm!